Supongo que hay algo en su mirada. O tal vez en su sonrisa,
que no sé cómo, pero ha podido conmigo. Parados ahí, me di cuenta que en todos
estos años realmente nunca habíamos hablado. Pero ese día empezamos a hacerlo.
Y supe que hablaríamos durante mucho tiempo. Y es que no me lo creo, el estar
aquí, entre sus brazos, con él. Parece un sueño, parece una novela de esas
famosas, una película de estreno en el cine. Y entonces es cuando yo me
pregunto ¿dónde ha estado todo este tiempo? claramente en un lugar que no era
mi vida, pero ahora que le tengo, que soy su niña, no le quiero soltar, así que prometo
no estar más de dos días sin verle, no importa que no pueda besarle, solo
verle. También prometo no estar más de diez segundos mirándole y no darle un
beso, aunque a veces resulta complicado, porque cuando sus ojos se clavan en
los míos comienza un juego que solo nosotros entendemos, cuando estamos en
pleno juego siento que pierdo, porque ni el cristal más fino se asemeja a lo
trasparentes que pueden llegar a ser sus ojos cuando lo miras, tanto, que en
ocasiones veo mi reflejo en ellos y entonces me acerco y le beso, esperando que
no se haya notado mucho que el has ganado y yo he vuelto a perder una vez más.

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